domingo, 30 de septiembre de 2018

Maestro y alumnxs: ReEncuentro tras cincuenta años


 






Don Jaime, nuestro maestro, que auna vigor y vitalidad en su semblante 



 

 

Estamos todxs. Don Jaime, maestro en Arespalditza y Amurrio y sus alumnos Isitxu, Yolanda, Javier, Gontzal, Iñaki, Juan Cruz, Alfonso y Luis, este último amigo de don Jaime.

Y estamos en Navarra. Somos Navarra. Por lo que la bandera pomelada de nuestro antiguo Reino, hoy conquistado (Nafarroa Osoa), también se unió al encuentro de este día del maestro con sus alumnos. (Excuso que los presentes tengan que sentirse obligados con el significado de la misma)


Maestro y alumnxs: ReEncuentro tras cincuenta años
Fue un día (22-09-2018) festivo, inolvidable, de encuentro o, más bien, reencuentro e irrepetible, pero, a la vez, fue una jornada de trabajo que no venía señalada en el plan previo de este día.
Como de seguro el párrafo anterior haya dejado a más de uno y una, insensible, sin saber de qué va la entrada de hoy, es bueno y, sobre todo, conveniente allanar el camino para la comprensión del mismo.
Todo comenzó tiempo atrás (diríamos algunos meses atrás) en que unos antiguos alumnos de la escuela de Arespalditza/Respaldiza (cuando había escuela en dicho pueblo) recordando los momentos vividos en esa etapa de la vida, nos acordamos de los maestros que fueron nuestros primeros preparadores externos para afrontar la vida que fuera, en este mundo, nos estaba aguardando. Y de las fotos que teníamos de los compañeros y maestros había un periodo o curso escolar que no lo teníamos reflejado en instantánea alguna y, por tanto, nada sabíamos del maestro de esa etapa, aunque recordábamos sus enseñanzas, métodos para aplicarlas, etc.
Por fin, después de tocar y tirar de varios hilos dimos con su existencia, pues podría habernos dejado debido a que estamos hablando de un periodo de más o menos 50 años. La fortuna fue proverbial y amable para su localización.
Así que después de los contactos previos a través del teléfono se quedó en encontrarnos alumnos (o habría que decir exalumnos) y maestro.
Dicho encuentro se ha producido este día señalado en rojo en el calendario particular de cada uno de nosotros. Creo que ninguno de los que acudimos, sabíamos ni nos imaginábamos cómo sería el encuentro. (Señalar que la representación de los mismos fue reducida por ocupaciones varias o/y tiempo transcurrido que, a veces, hace olvidar).
El maestro, nuestro maestro, ya jubilado como el paso del tiempo inexorablemente se encarga de recordarnos, es Don Jaime y reside en Laguardia, a donde nos dirigimos para el Encuentro, cincuenta años después, pasando en un abrir y cerrar de ojos de aquella edad infantil y escolar a la actual, adulta, con canas y escaso pelo.



 Comienza el "asedio" a la higuera



Higo que cogíamos higo que comíamos Y ¡qué ricos!



Todo no fue trabajar, también hubo momentos de distensión y relajo 

El encuentro, el primer contacto y abrazo mutuo no tuvo nada de especial (aunque lo fuera), al menos con lo que cada uno y una traía en su imaginario, en el viaje de Amurrio a dicha localidad riojana de la Sonsierra. El mismo fue de lo menos imaginable que nos podíamos echar a la cabeza. (No os asustéis ni os echéis las manos a la cabeza que sí fue especial. Es por lo que viene a continuación).
Fuera del núcleo medieval y amurallado de la Guardia, junto a una gasolinera nos esperaba la persona de una época de nuestra infancia, nuestro querido maestro, don Jaime. Vestía camisa de cuadros que denotaba haber pasado por muchos “fregados” y ni corto ni perezoso, tras las presentaciones y salutaciones pertinentes (reconoció a uno de nosotros), mandó a uno de los coches a por una escalera abatible que tenía en casa y unas cuantas cajas-cestas y a la vuelta, todos y toda (nuestra única compañera) a los coches para una “excursión” que como se decía más arriba no figuraba en el programa festivo y de encuentro de este día.
 










 Entre viñedos también se reciben lecciones

 










Primero nos enseñó su “huerta”, más bien su rincón o txoko particular al aire libre reflejando en él ese mundo virgen y un poco salvaje en que la ha convertido. Todo ello a la sombra de una torre (o supuesta) cubierta de abajo a arriba de hiedra, ya más bien árbol alto y florido que la oculta totalmente.
Pero esto, en este primer momento, fue ver y no tocar. La “excursión” nos adentró por caminos de piedra suelta y polvo entre viñedos de los que don Jaime es poseedor de algunos.
La primera parada, y para eso tenía sentido la escalera, era recoger higos de las higueras que junto al talud hacían de límite entre fincas de viñedos.
Como dicen los cinéfilos, la realidad muchas veces, sino siempre, supera a la ficción. Y no dirán que no es el caso. Veníamos a reencontrarnos cincuenta años después y nos encontramos con que la mañana se dedica a trabajar. Además, sin previo aviso, sin indumentaria para la ocasión, al menos yo que estaba en sandalias pisando en terreno de tierra y en algunos tramos tierra blanda por haber sido regada.
Lo pistonudo de los higos fue que las higueras no eran de su propiedad. Vamos encima estábamos asaltando propiedades ajenas. Pero no hay que alarmarse. No era grave pues por desgracia hay mucho producto frutal que se deja perder sin remedio ni justificación alguna. De todas formas, sólo se cogió alguna pequeña cestilla o envase pequeño para saciar el momento.
 


Mi primer racimo



Por hoy, la recogida de la uva ya ha terminado
 

Probada esta experiencia furtiva y bajo el sol de justicia riojano, don Jaime nos encaminó andando a sus viñedos. Aquí la cosa se puso más seria. De los coches salían cajas a tutiplén y don Jaime nos dio a cada uno, unas tijeras podadoras y cada uno y una, colocados en las hileras de las vides comenzamos a recolectar racimos de uva, siguiendo sus consejos de cuáles sí o no se debían cortar. Y ello con Lorenzo nuevamente encima de nuestras cabezas. Hubo un compañero, previsor por su parte, que se trajo una gorra para combatir el sol, pero… nadie nos previno que el primer encuentro sería trabajar y bajo el implacable sol riojano de Laguardia.
Ya pensábamos… ¡menudo encuentro tras 50 años!
 
El primer almendro al alcance de las manos y don Jaime, el primero en dar ejemplo

Cumplida la misión de llenar las cajas de racimos de uva, aunque alguno se libró de hacerlo pues era el fotógrafo “oficial” y no iba con él, vuelta a los coches al encuentro de unos almendros a los que hubo que despojar de su acariciado fruto. Creo que para mí fue la primera vez que cojo almendras del mismo árbol.
Por fin, después de degustar in situ alguna de las variedades de uva con sabor a frambuesa o algo parecido se dio por terminada esta esforzada labor y arduo trabajo que la uva exige para que, más tarde, después de un lento proceso, se convierta en uno de los manjares de dioses: el deseado y apetecido vino.
Por unas horas hemos sido trabajadores ilegales, sin papeles, “explotados” por nuestro patrón, nuestro querido maestro de antaño.
Todo ello dicho sin que nadie se ofenda, con fina ironía, porque al final todo el producto de nuestro “sudor” revertió en nuestras propias manos, es decir, vino con nosotros de vuelta a casa.
Seguidamente, vuelta al lugar que iba a ser nuestro espacio de emociones, recuerdos e historias y, sobre todo, nuestra cocina y comedor donde íbamos a celebrar el ENCUENTRO con todas las letras juntas y en mayúsculas.
 
Adecentamiento de sillas y demás enseres para la hora de la comida
 


Había más, que después del trabajo teníamos hambre

Momento este, al que llegamos con las agujas del reloj marcando las 14.30 y estaba todo por hacer: preparar mesas y sillas tras hacerlas un chequeo, preparar el hogar para el cocinado correspondiente de longanizas de chorizo y chuletillas de cordero.
 


Con los preparativos de la comida




Don Jaime preparando la ensalada para sus "jóvenes" alumnos... que hacía tiempo que no veía

He dejado hasta ahora sin señalar que con don Jaime estuvo en todo momento su joven amigo Luis que ha empatizado, aún la diferencia de edad, con el ser y el estar de don Jaime. Luis es un emprendedor catalán del bonito pueblo tarraconense de Altafulla que sus aptitudes con la forja del hierro están labrando su porvenir por estos lares de la Sonsierra de Navarra, al igual que alguna otra ocupación o negocio.
Por cierto, le tengo que poner en contacto con nuestro escultor ayalés -también forjador del hierro- Luis Padura ¡Qué casualidad! Los dos se llaman igual. Puede ser una buena señal.
 

Luis y don Jaime

Fresquito sabe mucho más rico

Como íbamos diciendo, llegó la hora de comer. Don Jaime que para la ocasión vistió nueva camisa (¡Claro! La otra estaba como estaba porque venía de dónde venía: de trabajar en el campo. Lo de “muchos fregados” no era por desgastada sino porque el que trabaja se …), nos puso y aliñó una estupenda y soberbia ensalada, mientras Luis y algunos de nosotros preparaban el fuego para el chorizo y las chuletillas.
Otros mientras, ya adecentado el comedor con sus mesas y sillas, se dedicaron a trocear el jamón y cortar el pan, degustando de los mismos.
 
Preparando los entremeses y, a la vez, picoteando un poco

Y allí, bajo el arbolado que nos blindaba del calor de este día, fuimos saciando nuestro apetito y las ansias de saber y recordar cosas de antaño y hogaño, de lo vivido en la escuela y del tiempo transcurrido hasta el día de hoy. Hablando del pasado y del presente, de la Historia particular y general con mayúsculas (como decía don Jaime, para saber Historia hay que saber primero Geografía). Y hasta de política, en cuyos todos los temas don Jaime estaba muy puesto, con ideas claras y profundos conocimientos sobre cultura y pensamiento. De lo que no hablamos ¡afortunadamente! fue sobre fútbol.
 
Estamos todxs menos el autor de la foto e Isitxu

Se le hizo el pequeño obsequio de entregarle un “fraile” (yo al principio, estuve despistado sobre qué era). Para el que no lo sepa, es una especie de hombre del tiempo (fraile en este caso) que, expuesto en la fachada de las casas, va indicando el tiempo que hará. Así, si se cubre la cabeza con la capucha: viene lluvia. Y con una vara asida a las manos señala el tiempo a futuro: sol, viento, ventisca, humedad, etc. (Al respecto hay una versión en lengua euskara desarrollada por el polifacético y televiso fraile del Santuario de Arantzazu, Pello Zabala).
También le fue entregado queso de nuestra Tierra de Ayala - Aiara Herri; txakoli de la misma y, como no, una botella del buen licor Karpy, producido y elaborado en Amurrio, que, por cierto, no nos resistimos a la tentación de probarlo acompañando a los ricos pasteles traídos por otros compañeros-alumnos. Para alguno fue un descubrimiento pues desconocía de su existencia. Si se llega a alargar la sobremesa no dejamos gota alguna. (Como anécdota, los pasteles tuvieron la visita de un inesperado invitado que nos engulló algunos bocados de los mismos).
Finalizada la misma, nos acercamos a la Guardia, aunque ya lo estábamos, pero en el alfoz de la villa medieval y amurallada, declarada uno de los pueblos más bonitos de España como reza la placa en las puertas o portalones de acceso a la misma.
 



En las proximidades de las murallas navarras de Laguardia, después de la sobremesa campestre. Vamos de relajo tras el "duro trabajo" de la mañana. (Agradecimiento al camarero por su gentileza de fotografiarnos) 

Ya en la villa, siguieron la y las amenas conversaciones entre maestro y alumnos, llevando la voz cantante el primero que por algo la veteranía vale un grado.

El reloj del Ayuntamiento. Uno de los atractivos de la villa amurallada 

Un paseo por las cuidadas calles y callejuelas de esta bonita villa medieval (por cierto, ¡villa navarra! -por fundación e historia- por si hasta ahora no era sabido) hasta llegar al mirador donde nos entretuvimos contemplando la puesta de sol y, nuevamente, las experiencias vitales de Jaime. Concretamente nos abordó con sus escarceos de amorío de juventud. Eso sí nos ponía en canción, para luego dejarnos en ascuas sin querer entrar en más interioridades. Curiosamente estando al tema sonó su móvil, era su mujer preguntando dónde estaba o cuándo vendría, a lo que le contestó “estoy dando una clase de sexología”. Curioso también que algunos de los visitantes y turistas que por el lugar del mirador merodeaban, acercaban el oído para prestar atención a la conversación que allí tenía lugar.
 

Camino de la puesta de sol



De nuevo todxs, menos el fotógrafo. Frente a la puerta W. que mira al mirador donde contemplamos la puesta de sol

Saciando la sed del único caño de la fuente

El ocaso y la Sierra de Cantabria desde la atalaya del mirador
 



Sus enseñanzas no tienen fecha de caducidad 



No sé si ha quedado reflejado a lo largo de todo lo escrito más arriba, pero Don Jaime -en su etapa de maestro- ahora Jaime por su cercanía y campechanía, con sus ochenta años pasados está en plenas facultades físicas y mentales que a más de uno nos da vuelta y media. A lo que ayuda -¡seguro!- el campo y el microclima riojano.
¡Don Jaime, único, irrepetible! como el encuentro que hemos tenido con él, después de varias décadas, de muchos años de ausencia en el tiempo y en el espacio.
Sólo se puede decir que Jaime es Sangre Viva; Genio y Figura; es Ser y es Estar a la vez; y es Único.
Y como don Jaime es así, como lo ha demostrado a lo largo de este escrito-reportaje, en la despedida de este inolvidable día nos obsequió con el regalo de un estuche con sendas botellas de vino “Denominación de Origen” de su tierra. ¡Todo un detalle!
 
  
Al caer la noche la villa medieval, viste y luce más bella, si cabe, que por el día 

Nos despedimos. Va por Ud. ¡Maestro!... de escuela… que tiene más valor.
Hasta siempre o mejor hasta el próximo mes de abril en Arespalditza/Respaldiza, si el tiempo y Dios lo quieren. Que así sea.
NOTA El maestro Don Jaime ejerció su magisterio en Respaldiza en el curso 1967-68 y siguiente para, en los cursos siguientes a esos años, pasar a ejercerlo en la nueva escuela comarcal de Amurrio "Lucas Rey", inaugurada el 20 de octubre de 1970. (Las fechas pueden haber bailado algún año).
Que yo recuerde en la etapa escolar de muchos de nosotros en la escuela de Respaldiza, los maestros fueron Javier, Félix y Jaime. Refiriéndonos, claro está, a la escuela de niños, pues la de niñas estaba en otro edificio bajo las enseñanzas de maestras.
Aunque sus padres vivían en Santurtzi, su madre fue a dar a luz al pueblo burgalés de Lerma. Teniendo origen sus apellidos -según nos cuenta-, el primero de Navarra y el segundo de Burgos y Álava.
Un agradecimiento especial a todos los que habéis aportado fotos para este reportaje. Eskerrik asko guztioi.

1 comentario:

  1. Hola.
    Me gustaría volver a hacer tres preguntas acerca de 3 obras muy importantes en Amurrio.
    La primera es sobre el comienzo de las obras de la estación de Renfe principal del pueblo. ¿Cuando esta previsto el inicio de las obras?
    La segunda es sobre el actual estado de la gasolinera que se encuentra en el centro del pueblo.
    ¿En que situación se encuentra este proyecto?
    Por ultimo, en el pasado año, dentro de los presupuesto participativos “Amurrioekin” una de las propuestas era el traslado de la parada de autobús de la rotonda de la iglesia a la calle Araba (al lado del servicio público y frente al Antzoki). ¿Se pondrá en marcha este proyecto a lo largo de este año?
    ¿Se volverá a proponer dentro de “Amurrioekin”?
    Muchas gracias.
    Un saludo.

    ResponderEliminar